Acercando libros a personas






Dedicarle un día al libro, como se lo dedicamos a la mujer o al trabajo, es un síntoma de su invisibilidad. Alguien dirá que no, que es una celebración, como un cumpleaños donde se hace una fiesta y todos comemos algo dulce para recordarlo.

Si fuera así, si celebrar tuviera sentido de verdad, serviría para algo más que para insistir, porque funcionaría como un despertador y todos nos daríamos cuenta de algo, pero el resultado al final siempre es proporcional a esa invisibilidad, o sea, sirve poco y aburre, porque es automático y mecánico, porque todos recordamos lo mismo el mismo día y luego se nos olvida.

La pregunta sería por qué es necesario recordarnos a nosotros mismos que podemos que leer, por qué recordarnos que en el género no hay distinción y que el trabajo es un derecho, no sé cuando perdimos la memoria.

No queremos celebrar el día del libro, entonces, queremos seguir acercando libros a personas, por costumbre.
Haremos una montaña al pie de la escalera para que sea más fácil estar cerca, desde las seis de la tarde hasta que se terminen los encuentros, puedes venir a conocer a tu libro y llevártelo a casa, si se entienden bien.
Será el jueves 23 de abril, sí, el día del libro, qué le vamos a hacer!

Diario de librera: Verano por dentro







Pequeña historia de una sombrilla que no quería ser cerrada // Little story of an umbrella that did not want to be closed

 by Elliott Erwitt




Las casas son paraguas y no los paraguas, porque es verano y se usan sombrillas.

En la librería no llueve, tal vez en algún libro. Aquí hace sol porque leo y  leer es verano. Leer es luz, calor y tiempo. Leer es un helado, un baño al atardecer, un paseo por la orilla de la página siguiente.

El libro espera a la persona. La persona busca al libro, también, a veces, a otra persona. Rara vez el libro busca a la persona, pero cuando ocurre, sucede el amor.

Detrás de un libro siempre hay alguien. No hace falta que gigante, ni definitivo, ni siquiera apasionante, puede ser muy pequeño y decir hola. 



Diario de librera: Domingo






Juego con la luz y hago filosofía en la cocina, la que trae el verano.

Me disfrazo de medio cuerpo, no es la cara la que habla, es la luz que elige.

Los libros descansan el domingo, pienso en su soledad acompañada. Detrás del escaparate, inaccesibles hasta el lunes de quien los desea. Los libros desconocen este detalle.

Aprendo de la cualidad que poseen los libros para estar en cualquier parte sin dejar de ser. Un libro debajo de la cama no es un zapato. En los garajes suele haber muchos y no son herramientas ni repuestos. Calzando una butaca o en el regazo de una madre, un libro sigue siendo un libro. Por eso creo que los libros tiene algo fascinante que les hace adaptarse a la vida de la gente y a moldearse en sus usos y olvidos.



Diario de librera: Confesiones





Soy una lectora lenta, pero voraz, me gusta saborear los libros. Cada página y su textura calculada, el gusto diferente en la edición, un olor desconocido, pero sabroso, además del que deja la idea que se digiere después del gesto, todo lento.

Me gusta gastar el lomo y la portada en el juego entre las manos y el bolso. El manoseo de sacarlo a ratos en el tranvía, dos o tres páginas como tomar un tentempié y guardar el resto dentro de la servilleta o en la mochila.

Me gusta leer despacio porque es viajar en un barco, de ésos que te dejan medir la distancia real entre dos sitios. Un libro es un alimento, pero también un recorrido y requiere su tiempo.

Soy una lectora lenta porque leer no es ganar, no es una carrera, es un gusto, un placer dirigido, rápido, pero lento. Un truco que quiero adivinar mientras leo. Condición que permite luego ver un paisaje o viajar en el tiempo.

Me gusta leer despacio como si fuera una época, la época de un libro concreto, el libro desde el que te leo.

Diario de librera: A propósito de Casa tomada





Casa tomada es el relato de Julio Cortazar al que más he regresado. Cada vez que he necesitado recordar lo fácil que resulta dejarse ocupar por desconocidos y lo necesario de estar atenta para no dejarles pasar, he acudido a la casa, para revisar las puertas y cerrar las ventanas.
Casa tomada también representa el descubrimiento del miedo. Todos conocemos el vacío de una habitación cerrada, la oscuridad del pasillo de todas las casas y los ruidos desconocidos que laten en su interior, comunes y necesarios para tejer la defensa ante el propio miedo. Reconocerlos es superarlos.
Por eso, Casa tomada, representa ante todo la luz que se enciende para descubrir al miedo.

*

La casa nos acoge, en ella hacemos la vida marcando señales que otros descubrirán.

*

Creo que las casas son muy parecidas a las personas. Todos hemos reconocido una fachada con cara, con ojos, nariz y boca, perfilada por sus ventanas, balcones y puertas. También hay edificios que parecen personas, pero muchas juntas, con los ojos abiertos, como insectos en la noche. 

La ciudad entonces es una reunión de personas de diferentes escalas y formas. Como por una suerte de diablura a lo Gulliver, unos pequeños seres viven dentro de otros más grandes. Los grandes se alinean frente a frente, generando unas cintas de aire por donde caminan los pequeños, que no paran de entrar y salir de los grandes. 

Pero las casas y las personas se diferencian en algo esencial pues unas están quietas y otras en movimiento. Es por eso que las personas pueden ir de una casa a otra , pero las casas no pueden ir de una persona a otra. Lo que sí se puede, en cambio, es remover lo que está en su interior y así, llevar un mueble de una casa a otra, transportado por personas, sería como si la casa se moviera un poco, porque la casa es también lo que contiene. 

*

La casa la dibujó desde el principio. Casi siempre con cara. Cuando cogió el lápiz era casa, luego también montaña. La montaña fue la primera casa que dibujó.


Imagen de Erik Alcántara 

Diario de librera: Las penalidades de ser libro






Llegan desesperados, como si nadie les hubiera hecho el más mínimo caso nunca. Algunos se deshojan nada más tocarlos, una caricia es suficiente para que sus páginas se desbaraten sin soportarlo. A otros, la humedad les ha borrado las palabras y entre hongos se diluyen sus argumentos ficticios e ideas originales.

Muchos están intactos, con la lámina de celulosa transparente que usan en las fábricas para no contagiar a un libro con otro. Parece que sus dueños tomaron la misma decisión, no contagiarse al leerlos. Que no te lean siendo libro tiene que ser casi tan doloroso como que no te entiendan siendo persona.

El dolor de los libros es muy parecido al dolor de las personas, supongo entonces que la manera de tratarlos puede ser la misma que usamos contra nosotros, tal vez también contra los demás.



Diario de librera: Las huellas y la máquina





Rastreamos las huellas que dejan los dueños en los libros depositadas. Fotografías en blanco y negro, billetes de tren y notas manuscritas para una clase de latín en 1957 nos emocionan. En cada huella, una vida ajena a ese descuido. 

*

Casi todos los autores de la biblioteca han muerto. Ahora los libros se me antojan lápidas en un cementerio. Ordenadas de la A a la Z, las lápidas de mi biblioteca tienen cada una su historia, pero esa es otra historia.

*

Un libro es una máquina del pensamiento, un artefacto voluntario que se alimenta e incendia por combustión verbal e imaginaria en la mente del que lee. En sus páginas cabe todo lo que la máquina imagina y si lo imagina es que existe. Lo que existe siempre se puede escribir y leer. Leer y escribir es un maquinar del pensamiento.







Diario de librera. El verano y la libertad







Los Libros de Francesc Torres


El verano no ha dado tregua, tampoco el calor. Encendimos hace unas semanas el ventilador. Las páginas pasaron solas, también los días. Lo más difícil quedó atrás. El desierto de agosto llegó ayer a su fin. 

No sabíamos si el convencimiento general de que se lee mucho en verano iba a ser una fe para nuestros libros. 

Lo que sí hemos descubierto es que es en verano cuando la gente arregla sus casas, se muda o cambia de pareja y siempre lo que le pesa son los libros.

Ahora las colinas se desarrollan pared arriba y toman cualquier repisa nueva que pongamos. Y sí, muchos han salido rumbo a la playa, hacia el aeropuerto o a cualquier sofá tres calles más arriba. Pero aun hay muchos más.

Hemos pensando en hacer muebles con ellos, calentarnos el próximo invierno o hacer una torre en el jardín. Y lo que hemos decidido es dejarlos en libertad, abandonados estratégicamente para que los encuentres.

 El viernes 13 de septiembre nos parece un buen día para la redención. Al que le apetezca participar, empezaremos a las 19:00 horas desde La sala de máquinas. 





Diario de librera: Sobre el circo de las palabras 2







Hemos alborotado los libros y ahora vuelan por el pasillo, también van de carpa de circo en el café. Cambiamos las metáforas y la lámpara, echamos de su sitio a la tranquilidad y en los ensayos gritamos al pie de la escalera. Hemos puesto un espejo en el escaparate, nos reunimos los domingos en mi casa, pero luego hay que irse a mirar las palabras. 


El circo está mellando nuestras vidas. Al principio cuando nos metimos en esto, no supimos pronosticar las secuelas de esta rutina circense. De entrada, nuestras parejas, sorprendidas ante la nueva profesión, amenazan con abandonarnos. Vamos hablando solos por la calle y repetimos el personaje en cualquier sitio. A uno le vi el otro día fabricando narices escondido en un cuarto. Otro hizo unas pesas que después no puede cargar. El más flaco parece que se desaparece y a mí la barba me está empezando a picar. 


Para ser un plan escrito en la mesa de la cocina, en una servilleta, con la lámpara baja. Que luego viajó arrugado en el bolsillo de la gabardina de alguien que caminó hasta la parte de la mente donde se decide a qué se le puede dar forma, no está mal que se le llame locura.



Diario de librera: Sobre el circo de las palabras 1




El funambulista hace ejercicios de acrobacia sobre una cuerda o alambre suspendido a cierta altura del suelo. La literatura hacer equilibrio con las palabras y con las ideas, pero en una página. El escritor es por tanto un funambulista, alguien que camina por la cuerda floja del lenguaje, jugándose en cada palabra el pellejo y arruinando por un mal paso, por un verbo inadecuado, por una mala perspectiva, un buen texto.

Nuestro escritor funambulista atraviesa lentamente el espacio de la página, ausculta cada paso, pero antes ha puesto patas arriba la cosa de las palabras, el desorden es el orden porque la regla en el circo es que no hay reglas.  Luego, se mira en el espejo, se da risa y además de hacerse morisquetas, empieza a escribir. Tomarse demasiado en serio arruinaría su carrera en el circo.


Diario de librera: En la 37º feria del libro antiguo y de ocasión, sin querer






Es viernes veintiséis por la mañana. Es Madrid. No hay opción: directos al paseo de Recoletos. 

No ir a la feria del libro antiguo y de ocasión, que se inaugura hoy, para una librera practicante como yo sería como no ir a la playa en Honolulu para un bañista exagerado o no dormir ante la cama recién hecha para un insomne desesperado. Pero la verdad es que es la segunda vez que voy y siempre de casualidad. 

A Madrid se va a otras cosas, las coincidencias a veces son insuperables. Por eso llegamos puntuales, sin imaginar que la puntualidad iba a hacernos pasar por autoridades y escritores, que sin dar crédito de nuestra naturalidad, aceptaron la tijera de la navaja suiza de mi cuñada Sonia, ellos no tenían la suya. 

Estaban en plena inauguración. Cinta roja intacta y disparos de flashes. El público detrás de la prensa, las autoridades detrás de la cinta. Pude ver a Andrés Trapiello y otros, supongo que igual de escritores y amantes de lo usado, en la línea de salida, para ser los primeros en rebuscar. Ninguno de ellos contaba con el asalto al protocolo de una representación de la sala de máquinas este viernes en Madrid.

El librero de la primera caseta salvó con sus tijeras la situación, pero ya habíamos salido en sus fotos.


Sembramos porque los libros alimentan






Desde que la sala de máquinas tiene ventana nos sorprende ver cómo las personas pegan la nariz y observan los libros como si fueran deliciosos pasteles en las bandejas de una exquisita dulcería, tal vez en Praga. 

Pero más nos sorprende ver que muchas de esas narices corresponden a caras de personas mayores, a caras de gente corriente, gente muy joven, muy señora, muy niño en patinete. Y si hacemos un estudio para confirmar lo poco que lee la gente, lo vamos a contradecir sobre la marcha: leen mucho más de lo que reconocen. Lo ocultan para alimentarse en silencio. 


Por eso vamos a sembrar libros, para dar de comer a los hambrientos lectores silenciosos. 

Sembrar es arrojar las semillas en la tierra preparada para tal fin. Sembrar libros es colocarlos estratégicamente para un encuentro fortuito. 


Pero también se pueden esparcir los libros como quien derrama los juguetes por la habitación. 


Sembramos para dar motivos. 


Si quieres ayudarnos, el martes 23 de abril desde las 18:00 hasta las 20:00 horas, en la sala de máquinas del Café 7. Allí tendremos todo preparado para la siembra.

Contra los libros




La obligación genera rebeldía, la insistencia también. Empeñarnos en que los demás lean y descubran el milagro, es como intentar captar adeptos para una religión o adictos para una ideología.
Un amigo nos cuenta que habría que prohibir los libros en vez de animar a su lectura. Al prohibirlos, dice, llegar a ellos será como un trabajo de libertad.

Cada vez más las campañas de promoción de la lectura generan un efecto rebote, o por lo menos esa impresión nos deja ver como es necesario insistir tanto en lo divertido que es leer. Imaginar a unos pobres lectores, aburridos y recibiendo instrucciones de qué hay que leer y sermones de por qué es bueno leer, no es tan difícil.

Sabemos que leer no nos hace ni más felices ni más listos. Hay sobrados ejemplos en la historia de la humanidad de grandes lectores que también fueron grandes tiranos y todos tenemos un amigo infeliz que lee un montón.

Estamos contra cualquier tipo de imposición, también contra los libros, pero con ellos, por supuesto.






Diario de librera. Testimonio de un libro en tránsito








Rodeada de libros aspiro a encontrar una explicación entre sus páginas. Antes de que se me vengan encima abriré uno cualquiera y tal vez encuentre una frase que me abrace y calme mi curiosidad. Después desordenaré la biblioteca y seguiré preguntando para qué. 

*

Echaré de menos los días en los que vivimos el sueño. Los días en los que estábamos todos, poemas, novelas y cuentos ocupando la misma estantería. Los dueños se apoyaban el lomo en su regazo y acariciaban nuestras páginas, a veces señalaban con el dedo o con un lápiz alguna frase o palabra, otras nos llevaban al dormitorio, a pasar la noche en una mesita. Ahora, cuando estamos a punto de ser expulsados de la casa, nuestros destinos se separan por cajas. Entre los libros nadie conoce a nadie, nuestros dueños cambian de casa y unos pocos elegidos irán con ellos. El resto, sumergidos ya en la maleta del coche, invocamos una librería de segunda mano.

  


Diario de librera





Cosemos ideas en líneas de palabras que enhebradas en páginas confeccionan un libro.


*

Manuel, dice que se llama. Cuenta que tuvo una librería, pero que fue tan generoso que se arruinó. Viene todos los sábados y rebusca títulos, creo que necesita aquellos que regaló, para saber si siguen vivos. 


*

Los días transcurren como las páginas de un libro, engullidos a la velocidad de una buena lectura van quedando atrás. Podemos volver a las páginas, pero no a los días. 


*

El acuerdo al que llegamos con los escritores fue que, a pesar de que ya no estén entre nosotros, seguiremos leyéndoles. 

*

Tengo una amiga que dice que en el futuro todas las librerías serán de segunda mano, por eso, a pesar de que los libros son usados, nuestra librería es del futuro. 


Diario de librera: el misterio


Leer o no leer no es la cuestión. Leemos a pesar de no leer. Leemos los labios y el cuerpo. Leemos billetes, instrucciones de apertura o un prospecto. La cosa va de leer. Leer la mente, los sueños, leemos los números en el cajero. Leemos hasta la saciedad. Tanto que leemos, que creemos que no leemos. Leer ya no es lo que era.

Pero por la lectura y a pesar de ella creo en éstas cuatro palabras que leo. Cómo las identifico y cómo las integro será siempre un misterio.

*
Leyó su nombre y le puso cara, porque un nombre se parece a la persona que señala.





Desde una aguja a un elefante





Desde una aguja a un elefante es el clásico lema de los grandes almacenes Barneys New Yor que, junto con esta singular publicidad con fotografía de Elliot Erwitt, nos sirve para invitarles a descubrir el mercadillo de objetos útiles, ropa y arte, que abriremos este sábado, 15 de diciembre, en la Casa El juego 7.

La publicidad de la moda genera millones de imágenes, en esta de Elliot Erwitt, donde a unos cuerpos desnudos se les recuerda la necesidad de la ropa, es tan evidente la eliminación del objeto publicitado,  que dirige el punto de vista hacia el interior, hacia una reflexión. Viajamos a la época en la que la ropa no existía, como un retrato del paraíso, pero el desnudo no es solo eso, significa también libertad, capacidad de elección, igualdad y criterio. La naturaleza nos diseñó desprotegidos, pero con la posibilidad de la ropa como segunda piel.


Diario de librera









Recibimos a muchos lectores necesitados. Hay demasiada gente que lee y que desea compartir, contarle a alguien por dónde va, qué está leyendo ahora, cuántos libros tiene en la torre de la mesilla. Seguro que piensan que para eso están las librerías, pero sobre todo las de segunda mano. También los clubes de lectura, pero parece que lo usado está más dispuesto a la conversación, sobre todo con los clásicos.  Creo que las personas que leen también necesitan cariño. 



Entra a la librería una instructora de hípica, es su forma de preguntar por libros de caballos lo que la delata. Hace unos días vino otra amante de los caballos, pero esta hace poemas con ellos. Le guardamos un pequeño libro de dibujos de carreras y ella nos mostró unas porcelanas azules con las patas rota, todo dentro de una carpeta.




Diario de librera 5







Identificarse con el personaje de una novela es tomar partido, decidir el bando en el que se quiere estar. Por eso leo, para reconocer todas las posibilidades.

Los libros almacenan lo que no se puede olvidar. En cada uno está contenido el punto de vista de un ser humano.

Cada vez que veo a alguien con un libro creo que es de mi familia.

Lo primero que miro siempre al entrar a una casa son los libros,  me siento atraída por ellos, como si fueran viejos conocidos que saludan desde la repisa.

Los libros no tienen pudor, se muestran. Algunos enseñan su lomo reluciente con letras doradas, otros su edad, al deshojarse. Los hay que se abren entre las manos, como un animalito necesitado, otros son distantes y pesados, imposibles para la cama. Con los libros siempre sabe una a qué atenerse, después hay que leerlos. 




Diario de librera 4


VIII Mercadillo de libros de viejo y de saldo en el Café 7


En octubre, o sea el lunes, montamos el mercadillo en uno de los locales de la entrada. Hay más espacio, también habrá más libros. Lo abrimos el martes 2 y por ahora de 17:00 a 21:00 horas.

Además de una cuidada selección de títulos, tendremos vinilos y las obras de Simonetta.



Diario de librera 4


Los libros ordenados por autor de la A a la Z parecen una lista de asistentes a clase,  una clase en la que comparten pupitre Oscar Wilde y Walt Whitman, Dante Alighieri  y Dámaso Alonso.


Al entrar en la casa una torre de libros señala el camino, siempre hacia arriba.


No sé si es verdad que un libro tiene sentido únicamente cuando se lee, sé que ése es su propósito, por tanto su destino está en las manos de un lector.


Sentarse a leer es casi siempre una conversación.


Diario de librera 3. Notas





VII Mercadillo de libros de viejo y de saldo en el Café 7.


Sábado 1, domingo 2 y lunes 3 de septiembre, de 18:00 a 21:00 horas.


Después de la pausa y del calor, volvemos al Café 7 con los libros y las obras de Simonetta, también con vinilos. En esta ocasión nos hemos esmerado: libros de pequeño formato, inéditos de novela negra, por supuesto clásicos y alguna sorpresa gráfica.





Diario de librera 3. Notas


El verano ha sido más caluroso de lo normal. Los libros y yo lo hemos sobrellevado en el refugio, o sea, en los libros.


En los libros siempre hace buen tiempo.


En un libro pequeño cabe tanto como en un corazón grande.


Al abrir de par en par un libro nos entrega el mundo, como el amor.


El desorden hace que sea más grata la sorpresa de encontrarte en la biblioteca.

Se busca página en blanco, razón: palabras, en principio.


Diario de librera 2





Vendemos libros porque cuando hablamos nadie nos escucha. Aprovechamos el mercadillo para decir todo lo que pensamos, no se te ocurra pasar por allí. Esto en realidad no es culpa de los libros, ellos sí tienen algo que decir.

Cargamos las cajas de pequeño formato porque no tenemos fuerza y porque el porteador se fue a Tanger, para no regresar, pero esto tampoco es culpa de los libros, se fue porque hablábamos demasiado. Los libros son ligeros, pero todos juntos pesan como nuestra conversación.

Pedimos prestado el coche a una amiga porque no tenemos coche, ella no tienen nada que ver con los libros, pero eso tampoco es culpa de los libros, ni de la amiga. Montamos el mercadillo y hacemos magia, pero eso no es culpa de nosotras sino de los libros.

El viernes, el sábado y tal vez el domingo, 6, 7 y 8 de julio, en el Café 7. No se te ocurra pasar por allí.


V mercadillo en el Café 7: del 1 al 3 de junio



Desde el viernes, 1 de junio, hasta el domingo 3, siempre desde las 18:00 horas hasta las 21:00, nuevo mercadillo de libros de viejo y de saldo en el Café 7.

Esta vez, Simonetta Pisani nos acompañará personalmente, ella y sus magníficas piezas únicas. También traerá algunas ilustraciones, los libros los llevamos solo para disimular.




Diario de librera 1

Recojo libros. Libros abandonados, desheredados o dormidos. Libros que alguien no quiere, pero otro alguien sí quiere. Libros generosos, libros que son regalos. Los adopto o los compro,  a veces en un almacén en las afueras, otras mano a mano, como preciada mercancía.
Cuando llegan a mi casa, a veces en solitario, otras en cajas, los limpio y los hago míos. En la cocina, con un cepillo, les quito las telarañas y el polvo. A otros solo les paso un paño por la portada y el lomo. Luego, en la mesa, los abro y los huelo. Leo su título. Miro si tuvieron dueño o son huérfanos.  Si hay algo escrito o nunca ha sido abierto. Si dentro hay un marcador, una carta o un papel por descuido. Si hay alguna página marcada, alguna línea subrayada o le faltan páginas. Si lo he leído o no conozco a su autor, lo busco. Dónde fue editado, en qué año, con qué papel. Husmeo en su interior, como un gato. 
 Luego los llevo al almacén, a la sala de máquinas, con los demás. Percibo que los libros apilados y también los de la estantería están dispuestos a recibirlos. Hay cierta alegría en ellos erguidos en montañas que suben hasta el techo. También hay desorden, pero un desorden feliz y acordado. Apoyados los unos en los otros parece que se leen y a veces, cuando cierro la puerta, creo escucharles hablar.

IV Mercadillo de libros

Foto: Saul Leiter


Quede por aquí el aviso de que el IV Mercadillo de libros de viejo y de saldo estará abierto desde el viernes 4 hasta el domingo 6 de mayo,  de 18 a 21 horas, en el Café 7  (Calle del Juego, 7, La Laguna).

A veces la gente se acerca y nos deja sus libros. Los abandonan por allí y huyen.  No los quieren para nada, les estorban en casa, acumulan polvo y su poder decorativo es muy escaso; sin embargo nosotros les damos cobijo, un precio, los hojeamos y a veces incluso los leemos. Ellos nos dejan residuos, y nosotros, pobres diablos, hacemos con los residuos nuestra casa.

Mientras aceleramos hacia el olvido vamos reuniendo algunos libros cada mes. 


No sé si quedará algún lector para ellos.


La buena noticia es que este mes tendremos de nuevo a la venta algunos cuadros y dibujos originales de Simonetta Pisani (Attenomis).




III Mercadillo de libros en el Café 7


Para evitar las hopalandas de los nazarenos, los capirotes de violeta profundo y la procesión de cirios que se acerca, que siempre viene ahumada con nubes de incienso y esa música lacónica de fervor militar, hemos decidido adelantar el Mercadillo de libros de viejo y de saldo al próximo fin de semana. 

Desde el viernes 31 hasta el domingo 1 de abril, de 18 a 21 horas, estaremos en Café 7 (C/ El Juego, 7, La Laguna) con las presas del último mes.

Es muy probable que la gran Simonetta Pisani (Attenomis) nos conceda el honor de poner a la venta alguna muestra de su obra gráfica.

Para atraer a los beatos haremos estaciones de penitencia en los subgéneros más descalificados, ofreceremos cinturón de esparto a los masoquistas letraheridos, habrá pesadas cruces de tea para los adictos a la filosofía, y todas las cofradías y hermandades tendrán lo que se merecen.

El camarote de los adictos



Ayer tuvimos camarote de los hermanos Marx en la jaula que ocupamos en el Café 7 con nuestro mercadillo de libros de viejo y de saldo.

Los toxicómanos del papel tintado son gente de cuidado. Se agolpan frente a las mesas, hacen parapeto y van acumulando libros, concentrados en el escaneo.

Antes de vaciar las cajas ya estaban ellos metiendo mano, salvajes, sedientos.

Durante la primera hora fuimos expulsados tres veces por la multitud.

Gracias a las ventas hemos conseguido alejarnos unos milímetros del umbral de la pobreza.

No os preocupéis. Hoy habrá más carne fresca y encuadernada para llenar los huecos.

Entre la multitud apretujada se vieron carteristas, camareros, alemanes con libros de Ouspensky, pintores y poetas en feliz pelea, un chaval bailando claqué con un libro de Tagore, otro que leía absorto, entre codazos e insultos, Cuchillo casi flor de Luis Feria, un bizco que nadaba sobre un mar de cabezas con Asimov entre las manos y un niño arrastrándose entre un bosque de piernas con un cómic en la boca.

Una fiesta para caníbales.

No se la pierdan.




II Mercadillo de libros en el Café 7

Foto: Javier Conde

              II Mercadillo de libros de viejo y de saldo en el Café 7 
(Calle del Juego, 7, La Laguna).
         Del viernes 2 de marzo al domingo 4, de 18 a 21 h.  


Historias del mercadillo de febrero



Al mercadillo de libros de viejo, realizado en el  Café 7 el primer fin de semana de febrero, acudieron dos Deweys, tres Napoleones que no alcanzaban a ver las mesas altas, un coleóptero en disfraz de Gregor Samsa, una alemana que compró un libro infantil para desarrollar su español, nubes de nereidas despistadas y media docena de  lansquenetes en feliz rapiña.

 No hubo descanso para la gentuza que organiza.

Un joven indeciso revisó durante dos horas los libros expuestos, contrariado por las múltiples llamadas e insinuaciones de las portadas. Alguien le mostró un Sciascia, pero no fue suficiente; un amigo le habló de Camus, pero nada. Al final terminó agotado y sin libro, furioso consigo mismo, dudando de su nombre.

Nadie presentó queja, excepto un bozal que nos comunicó nuestra escasa atención por la poesía en primera edición. Pensó que tendríamos allí, a cinco monedas, una primera edición de Cernuda para alegrarle la biblioteca.

Mientras las presas caían en manos feroces se escuchó a Leonard Cohen por los altavoces y algunos grillos de temporada. 

Una estudiante de Historia del Arte se emocionó ante una deslustrada edición de La cultura del renacimiento en Italia de Jacob Burckhardt, y mientras ella lo hojeaba recordé aquel capítulo donde el historiador suizo asegura que una de las raíces del humanismo es la sátira, el humor y el ingenio sacrílego.


Mercadillo mensual en el Café 7 y otras noticias



Habrá, al fin, un Mercadillo mensual de libros de viejo y de saldo en La Laguna. Dejo por aquí el aviso, no vengan luego con reclamaciones los sospechosos de bibliofilia, los adictos al papel amarillento y los drogodependientes del libro descatalogado. 

Libros de 1 a 5 €, lo que os merecéis: perros avariciosos, tacaños, lectores, poetas...

Será en el Café 7 (C/ del Juego, 7), los viernes, sábados y domingos de la primera semana de cada mes, de 18 a 21 h. Empezamos en febrero, los días 3, 4 y 5.

También tenemos libros, de forma permanente, en la tienda vintage Mikimono (C/ San Agustín, 57) y en la librería Misterio (Galería de la Plaza de la Concepción, 7, local 4).

En la foto están disfrutando los dueños de Atlantis Books (Oia, Santorini, isla de 13.000 habitantes, azul y blanco, Grecia) una de las mejores librerías de viejo del mundo. Si alguna vez tenemos local, cosa que dudo, espero que esté en mitad de ningún sitio, como el suyo, que sea un esfuerzo llegar hasta allí, que nadie entre por error, que todo sea alevosía y necesidad. 

Mercadillos de Navidad



Los refinados toxicómanos del libro viejo y de saldo tienen tres lugares más donde encontrar nuestros libros: la segunda planta de la tienda vintage Mikimono (Calle San Agustín, 57, La Laguna), el Café 7, dentro del mercadillo llamado Pensión del Arte (Calle del Juego, 7, La Laguna), y El Generador (Calle Clavel, 10, Santa Cruz de Tenerife).

Los mercadillos estarán abiertos desde el viernes 23 de diciembre hasta el 5 de enero.

Además


Durante diciembre de 2011 podrán encontrar nuestros libros de viejo y de saldo en la tienda vintage Mikimono (c/San Agustín, 57, La Laguna), en la librería Misterio (Galería Plaza de la Concepción , 7, La Laguna) y en la Librería de Mujeres (C/ Sabino Berthelot, 42, Santa Cruz de Tenerife).


Imagen: André Kertész

Presentación en El Generador


Estamos empeorando y esta vez sin remedio. Ahora vamos a presentar el engendro en Santa Cruz de Tenerife, esa ciudad famosa por su cultura endogámica, sus socavones patrimoniales y sus vistas a la refinería. Un paraíso.

Será el sábado 3 de diciembre en El Generador, a las 20:30 h.

El Generador está dirigido por gente desconcertante y piadosa, de otra forma no se explica que nos hayan permitido presentar allí La nación de los olvidados, la antología de Omar Salle que acabamos de publicar.

No saben que se mezclan con lo peor: indigentes, alcohólicos, falsificadores, lectores y ciclotímicos. Habrá que agradecerles la locura.

 Presentarán, si no los detiene la policía en estos días, Stefano Piana, Óscar García García y María José Alemán.

 Dejo por aquí las ilustraciones de dos de los autores incluidos en esta Antología de escritores universalmente desconocidos. 

    El primero es Norton Slovenko grabando a varios narradores y protagonistas de fama: al perro de la poeta inglesa Elizabeth Barret Browning, y al que Virginia Woolf dio voz en su novela Flush, al Mister Bones del Tombuctú de Paul Auster, al Buck de Jack London en La llamada de lo salvaje, al Terranova de Byron ("Poseíste belleza sin vanidad, fuerza sin crueldad, y todas las virtudes de los hombres sin ninguno de sus defectos"), todo en un coloquio de perros muy cervantino. 


La siguiente es Teresa Malfatti, una romana que no viajó, pero que escribió literatura de viajes, o para ser más exactos, inventó ese subgénero de la literatura de viajes entendida como una variante de la ciencia ficción.  Ella fue la pionera. Ahora son muchos los autores de literatura de viajes que practican esa confortable variante.






Doble sesión y esquela




Se acerca la presentación de la primera Antología de escritores universalmente desconocidos, preparada por Omar Salle. Será el martes 15 de noviembre en el Café 7 (C/ El Juego, 7, La Laguna) a las 20:30.

Hoy sabemos que habrá doble sesión esa noche, y tras la presentación del libro actuará el músico Ruskin Herman, que es este señor con mandolina. 




Uno de los escritores antologados en La nación de los olvidados es Sandro van Doren, inventor de la literatura funeraria concebida como un ajuste de cuentas. 

Su trabajo era ingrato: satisfacer a la familia del difunto con unas palabras que lo retrataran. Rara vez cobraba lo acordado. 

De la primera época se recuerda esta esquela de vanguardia: 

Manuel Salle Meneses dice, por despedirse, que aún está en su casa, en el garaje. Háblenle a la foto o pasen a recogerla. Y si quieren rogar por su alma, préstensela a otro. 

Natural resulta que Sandro van Doren tuviera un chirlo que le adornaba la cara, marca de un cliente insatisfecho. El corte fue obra de un hijo rabioso y descontento con el retrato que el escritor le dedicó a su padre, que era maestro de sustracciones, mezquindades y ginebras.

Por su afición a los cementerios Salle quiso retratar a San van Doren en su mejor momento. 

Este fue el resultado: 
En alguna de esas lápidas debe estar borrándose su nombre.

Si quieren saber más de los autores antologados, esa caterva infame, en el libro encontrarán una biografía detallada y una breve antología de cada autor. 

El martes 15 es la presentación. Actúan María José Alemán, Óscar García García y Bruno Mesa. 


Presentación en el Café 7







El martes 15 de noviembre, a las 20:30 horas, en el Café 7, se presentará La nación de los olvidados (Antología de escritores universalmente desconocidos). 

Como sabe todo buen periodista las mejores fuentes son las sórdidas y poco fiables, y gracias a ellas sabemos que el antólogo, Omar Salle, es un seudónimo. Tras él, atrincherados, se esconden varios escritores. No perdemos nada ignorando sus nombres. 

La nación de los olvidados viaja a ciudades como Timisoara, Valparaíso, Québec, Roma o Chaguanas para conocer a una serie de escritores descabezados, ínfimos, insalubres o seriamente imprudentes. Son once los antologados: Tislitt Unzar, Sandro van Doren, Kamla Nagi, Zacarías “Sherlock”, Rasvan Székely (traducido por primera vez al español), Norton Slovenko, Lisa Ryckman, Teresa Malfatti, Margaret Polsen, Andrés Roig Parada y Azarel Leví de Breslau. 

El libro será presentado por Óscar García García, María José Alemán y Bruno Mesa. A ver qué se inventan.

El libro también contiene un retrato de cada autor. Aquí dejo el de Andrés Roig Parada.



La nación de los olvidados



Los pocos privilegiados que han leído La nación de los olvidados ("Antología de escritores universalmente desconocidos" se subtitula el invento) se preguntan quién demonios es Omar Salle, ese que hace de antólogo y presentador de tan infame turba de escritores.

Uno de esos lectores asegura que el libro es obra de varias manos. Quiero pensar que serán manos revueltas, en feliz orgía, sin otra premeditación ni causa que el placer, tanteando en la sombra las nalgas de una teoría, subiéndole la falda al lenguaje, acariciando la espalda de un poema.



Sea lo que sea no puede ser nada bueno, nada conveniente. 

Otro lector cree que el libro es antiguo, traducción de una antología epigramática y  griega con un par de milenios ahora reconvertida en postmoderna selección de fronterizos y parias. Otro que no tiene ni idea.

Un lector despistado sostuvo que era novela y bolañesca.

Otro, no menos ciego, afirmó que todos los autores incluidos en ella son reales, y los que no son reales sin duda son proféticos.

El más divertido de los lectores fue el que nos aseguró que le encantaba el libro, pero no le sorprendía. Él conoce bien, y personalmente, a Omar Salle.

La Sala de Máquinas es una fiesta. Créanme. Entre la grasa y el humo se vive de maravilla.

No importa tanto quién es Omar Salle, sino qué tienen que decirnos los once autores que antologa en La nación de los olvidados, esos tipos que no encontraron su sitio en la carretera hacia la gloria de la literatura y se quedaron esperando en la cuneta a su piadoso antólogo, doctor de lisiados y exhumador de vicios.

Aquí va, como aperitivo, la cubierta del libro.